La palabra
decisión proviene del latín y se refiere a cortar separando. Aplicado a nuestra vida hoy es seleccionar
una parte y renunciar a lo demás. Implica una elección entre varias
posibilidades y renunciar a otras. Las decisiones reflejan cuáles son nuestros
principios, nuestras fortalezas y nuestras debilidades. Lo más importante es
que nuestra selección marcará nuestra vida para bien o para mal, porque toda
elección viene acompañada de unas consecuencias.
Las
decisiones trascendentales son aquellas que pueden cambiar el resto de nuestra
existencia. Curiosamente las decisiones más importantes de nuestra vida, las
hacemos en las edades que menos madurez hemos desarrollado. ¿Con quién nos
casaremos, qué profesión estudiaremos, cuántos hijos tendremos, dónde
viviremos, cuándo hacer un cambio de trabajo, en qué invertiremos el dinero que
ganamos, que características deben tener las amistades que tengamos? En fin,
los caminos de la vida son muchos, pero el que escojamos determinará la calidad
de vida que viviremos.
La Biblia nos dice que aprendamos a contar nuestros días de tal manera que añadamos sabiduría. El estar conscientes de la brevedad de la vida nos dirige a reflexionar, a valorar el tiempo que Dios nos ha regalado y evaluar nuestras acciones diarias. De acuerdo a la calidad de nuestras decisiones, será la calidad de vida de nuestra existencia en este mundo.
Considerando que las decisiones más importante se toman a temprana edad, la labor de los padres en la formación espiritual y emocional de los hijos es indispensable para que los hijos tengan un buen archivo mental, espiritual y emocional, que les provea las experiencias necesarias para tomar decisiones basadas en los principios que están en la Palabra de Dios. Que puedan aprender que cuando tenemos que decidir entre lo que nos gusta y lo que es correcto, puedan permanecer firmes y decir: “Escojo lo correcto”. Cuando hacemos el hábito de pasar todas nuestras decisiones por el filtro de lo que a Dios le agrada, la calidad de éstas nos llevará a puerto seguro. Ninguna persona puede tomar decisiones sabias si no tiene a quien da la sabiduría en su corazón.
Somos esclavos de nuestras decisiones equivocadas y dueños de las que son congruentes con la Palabra de Dios. La vida no nos da duro, cada quien con su falta de obediencia a Dios y haciendo lo que quiere, le da duro a la vida. No nos quejemos más de la vida, evaluemos nuestra relación con Dios, con nosotros mismos y con los demás y decidamos hoy tener a Dios en nuestra mente y en nuestro corazón siempre. Las decisiones que salen de un corazón agradecido y dispuesto a la obediencia por encima de la emoción, te llevan a una vida fructífera y llena de paz.
Padres y
madres, por las mismas avenidas de la vida que ustedes viajan, sus hijos
seguirán sus pasos. Seamos responsables y dirijamos a nuestros hijos con
nuestro ejemplo. Así como nosotros imitamos a Jesús, que ellos puedan imitar
nuestro buen ejemplo.
Si
consideras que no tienes sabiduría para tomar decisiones, amístate con Dios y
pídesela.
Santiago 1.5
dice: Si necesitan sabiduría, pídansela a nuestro generoso Dios, y él se la
dará; no los reprenderá por pedirla.
Recuerda: Dios debe ser nuestro mejor amigo y nuestro mejor consejero.
Norma Pantojas DCC, MC #0981
Consejera de Familia
normapantojas@gmail.com
www.normapantojas.com

Autor: Norma Pantojas
Fecha: 17-08-2018
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