Cuando acepté a Cristo como mi Salvador a los diecisiete años de edad se me hacía difícil entender el versículo en el que Cristo le envía un mensaje a la Iglesia de Laodicea censurando su tibieza:
Yo sé todo lo que haces, que no eres ni frío ni caliente. ¡Cómo quisiera que fueras lo uno o lo otro!; pero ya que eres tibio, ni frío ni caliente, ¡te escupiré de mi boca! (Apocalipsis 3.15-16).
Sin embargo, más adelante, la experiencia me enseñó que el ser tibio, es ser indiferente, es no comprometerse, es no definirse, porque lo tibio está entre lo frío y lo caliente y Dios ama la definición. Ser tibio espiritual es seguir a Jesús de lejos y cuando seguimos de lejos un objetivo no logramos tocar personalmente el objetivo. De lejos no podemos percibir los detalles de un paisaje por más bello que sea. Así mismo, pasa con lo espiritual. De lejos, perdemos de vista los detalles del corazón de Dios y nos diluimos en lo que nos entretiene en el camino. Se pierde el tiempo en lo que no aprovecha ni añade a nuestra vida espiritual y no hacemos el vínculo necesario para poder sentir el calor, el amor, el carácter ni el perfume de Jesucristo. Tampoco sentimos su mirada penetrante y bella que nos dirige siempre a abrazar su fe.
Joven querido, el secreto para vivir fructíferamente es estar en el centro del calor abrazados a la fe en Jesús. Es apasionarnos por imitar su vida, es querer ser como Él, es definirnos y comprometernos con su mensaje, es que todos puedan ver en nuestra vida que lo seguimos a Él, es no avergonzarnos de estar a sus pies. Desde que le conocí, me comprometí con él, le entregué todo mi ser, me definí con su Palabra y el resultado ha sido maravilloso. Me ha dirigido en todas las decisiones de mi vida, porque he llenado mi mente con su Palabra, de tal manera que mis decisiones tienen que pasar por ese filtro. Por eso, Él me dirigió en la selección de mi esposo, mi compañero fiel por cuarenta y un años, me capacitó para criar a mis tres hijos que hoy día son adultos de más de treinta años y todos siguen a Jesús con pasión, por eso tenemos una familia extendida unida que se ama y damos la vida los unos por los otros. Hemos tenido éxito porque no somos tibios ni fríos, nos hemos comprometido con Jesús.
Los jóvenes se distinguen por su fogosidad, sus energías y su fuerza, por la pasión que le imparten a todo aquello que les interesa. Vivimos en la época en la que predomina lo pasional, pero por lo sexual. Muchos son los que están dispuestos a hacer lo que sea por mostrar su pasión en el placer físico, pero son menos los que se apasionan por vivir en el calor espiritual de la voluntad de Dios. Pero tú sé diferente, sumérgete en la presencia de Dios, apasiónate por hacer su voluntad para que experimentes la seguridad, la paz y la bendición de vivir en su presencia. Los placeres físicos son de corta duración, pero el amor y la paz de Dios son para siempre. Cuando estás en su calor disfrutas de lo que describe el Salmo 37. 23-25
Por Jehová son ordenados los pasos del hombre y él aprueba su camino. Cuando el hombre caiga, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano. Joven fui y he envejecido, y no he visto justo desamparado ni a su descendencia que mendigue pan.
Norma Pantojas
Consejera de Familia
normapantojas@gmail.com